UNICEF: ROMPIENDO EL SILENCIO SOBRE LA REGLA EN UN CAMPO DE REFUGIADOS

«No voy a la escuela cuando tengo la regla porque no tengo dónde cambiarme y me avergüenza». Cada mes, Zahra, de 12 años, pierde varios días de clase y no es la única. 

Es normal entre sus amigas perder una semana cada mes. Las niñas explican que tienen un resfriado, un dolor de estómago o fiebre y no van a la escuela. Sus maestros lo han detectado, pero nunca han sacado el tema con los estudiantes. Ni siquiera las chicas hablan entre ellas sobre la verdadera razón por la que faltan a la escuela.

La ansiedad que les provoca el simple hecho de cambiarse una compresa en el baño unisex de su escuela o el terror a manchar su ropa al sentarse en clase, les hace quedarse en casa todos los meses durante el período.

Zahra es refugiada siria y vive, desde hace siete años, con su madre y sus hermanos, en una tienda de campaña de un asentamiento informal cerca de Amman, la capital de Jordania.

Para ayudar a las familias, y sobre todo, a las niñas y adolescentes a afrontar estos problemas, desde UNICEF trabajamos contrarreloj para mejorar el suministro de agua, las instalaciones de almacenamiento, el saneamiento y los inodoros. También, entregamos kits sanitarios (con compresas y jabón, entre otros suministros) y llevamos a cabo talleres para sensibilizar y compartir mensajes importantes sobre higiene. Dentro de estos talleres se desarrollan debates donde pueden dialogar abiertamente haciendo preguntas y aclarando dudas.

 

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«A las niñas se les da poca información sobre la regla»

Las mujeres con cierta edad presentes en el círculo se sienten más cómodas hablando sobre la regla y la higiene menstrual entre ellas, pero explican que a las niñas, antes de llegar a la pubertad, se les da poca o ninguna información sobre la regla. Mientras que a los niños directamente ni se les menciona el tema.

«Este año tuve por primera vez el período. Me desperté por la noche, fui al baño y lo vi. Estaba terriblemente asustada. Se lo dije a mi hermana mayor y solo me dijo que usara una compresa». Acudió a su madre, Fátima, pero ella misma nos confiesa que no sabía mucho al respecto, así que pudo explicarle poco a su hija. Por eso, nos cuenta, estas sesiones de debate en grupo son tan importantes.

«En una de las reuniones aprendí que las niñas deben ducharse cuando están menstruando. Hasta que me lo explicaron pensaba que era dañino para ellas», nos explica la misma Fátima.  

La madre de Zahra, Mariam, también se ha concienciado gracias a las sesiones de grupo. Trabaja en una de las granjas cercanas al asentamiento y tiene un sueldo muy pequeño, pero siempre prioriza la compra de compresas para su hija. «Por su salud y para que no tenga que faltar a clase, usaré el poco dinero que tengo para que se encuentre lo más cómoda posible», nos dice Mariam.

Si bien, gracias a estos grupos de sensibilización y debate, el conocimiento sobre la regla y las prácticas de higiene es cada vez más alto en esta comunidad, la cultura del silencio continúa debilitando a las niñas y afectando negativamente su educación y su salud.

«Estoy harta de no ir a clase cuando tengo la regla»

«Estoy harta de no poder ir a clase cuando tengo la regla, me pierdo lecciones y me quedo por detrás de los demás. Para compensar, me esfuerzo estudiando en casa por mi cuenta, pero no es lo mismo. Ojalá fuera más fácil«, nos explica apenada.

Y para que niñas y adolescentes como Zahra lo tengan un poco más fácil, desde UNICEF seguimos trabajando para mejorar las instalaciones de saneamiento y para brindar educación sobre higiene en las escuelas y en las comunidades. El objetivo es que todas las niñas reciban el apoyo que necesitan y tengan todas las oportunidades para aprender y alcanzar su máximo potencial.

 

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by Eduardo Sanz